martes, 25 de marzo de 2025

SAN DIMAS, EL BUEN LADRON — 25 DE MARZO.

 



El buen ladrón es un personaje anónimo en el Evangelio de Lucas.

En tradiciones posteriores se le llama Dimas, Tito o Rakh.

 

 

En el Nuevo Testamento


En la Biblia no aparece el nombre del buen ladrón.

Expresa la creencia de que Jesús “vendrá en el reino de Dios”, y pide que en ese día Jesús se acuerde de él:

     “Entonces uno de los malhechores que estaban colgados lo blasfemó, diciendo: “¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.

 


Pero el otro respondió y le reprendió, diciendo:

    ¿Ni siquiera teméis vosotros a Dios, estando en la misma condenación?

Y nosotros, a la verdad, con justicia; porque recibimos lo que merecen nuestras obras; Pero este no hizo daño.

 

Luego dijo: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.»

 

Jesús le respondió: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

 

 (Lucas 23:39)

 

 

La puntuación y la traducción de los manuscritos antiguos varían en verso.

La mayoría de los manuscritos dicen “...os digo; hoy...”.

 

En los evangelios apócrifos

 




En la versión griega del Evangelio pseudoepigráfico de Nicodemo (apócrifo, siglo IV), el nombre aparece por primera vez.

 

En la versión latina del Evangelio de Nicodemo, también conocido como los Hechos de Pilato, también se da el nombre del segundo ladrón: Gestas.

 

 En el Evangelio árabe de la infancia de Jesús (apócrifo, siglo VI), el niño Jesús se encuentra con los dos ladrones, Tito y Dumaco, y predice que después de treinta años serán crucificados con él.

 

En la tradición de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el nombre del buen ladrón es Rakh.

 

 

En la tradición católica


La iglesia habla poco de Dimas o San Dimas, considerado el Buen Ladrón del Estado.

 


Según la tradición cristiana, San Dimas es el protector de los pobres moribundos, especialmente de aquellos cuya conversión en el último minuto parece más difícil.

 

Encomiendan a San Dimas la protección de las casas y propiedades contra los ladrones .

 

Lo invocan en casos difíciles, especialmente en materia financiera, para la conversión y enmienda de borrachos, jugadores y ladrones.

 

Es el protector de los presos y de los penitenciarios, de los carreteros y de los conductores de vehículos. La Iglesia Católica celebra el 25 de marzo como el día de San Dimas.

 

 

UN POCO SOBRE SAN DIMAS

 




El Evangelio dice poco del Buen Ladrón del Calvario, así como de muchos otros personajes.

Sin embargo, la Tradición nos ha conservado su nombre, y aunque los críticos lo han puesto en duda, hasta el punto que la Sagrada Congregación de Ritos, en 1724, ordenó que el Oficio y la Misa del Gran Santo fueran bajo el nombre de BUEN LADRÓN únicamente, sin impugnar, sin embargo, el nombre que la tradición secular nos ha conservado de SAN DIMAS.

 

Es una sabia reserva de la Iglesia que no daña en nada la tradición.

 

Continuamos pues con los Santos Padres y las tradiciones que vienen del siglo II, llamando al Buen Ladrón, DIMAS, SAN DIMAS.

¿Quién fue este Santo original, único y privilegiado que mereció el honor de ser canonizado por el mismo Divino Salvador en la hora solemne de nuestra Redención?

Estaba ante la cruz, un peligroso bandido procedente de Palestina.

De una familia de ladrones. Su padre era un jefe de bandidos: PRINCEPS LATRONUM:  EL PRÍNCIPE DE LOS LADRONES.

Varios Santos Padres y Autores afirman que Dimas era uno de los bandidos más peligrosos de Judea.

Por el suplicio de la cruz que merecía, se ve claramente qué gran criminal debía haber sido, porque ese horrible suplicio estaba reservado sólo para los grandes criminales y esclavos.

Dimas, según muchos autores, no era judío de nacimiento.

 

Es la opinión de Santos como: SAN AGUSTÍN y SAN JUAN CRISÓSTOMO y EUZEBIO.

 

Uno de los sabios recopiladores de tradiciones cristianas, el obispo EQUILIUM, afirma absurdamente que el Buen Ladrón era un egipcio.

 

SAN JUAN DAMASCENA afirma categóricamente: ESTE LADRÓN ERA EGIPCIO DE NACIMIENTO.

 


Fue un bandido en el desierto camino de Egipto y allí, según la tradición, se encontró con la Sagrada Familia y dio cobijo al Niño Jesús, protegiendo a María y a San José.

 

Algunos Doctores y Santos Padres, como San CIRILO, opinan que no se trata de una leyenda, sino de una venerable tradición que se remonta al siglo I.

 

DIMAS acogió a la Sagrada Familia en su casa, huyendo de la persecución de HERODES.

 

Aunque era un criminal, tenía la costumbre de nunca robar ni matar niños, ancianos o mujeres.

 

Son muchas las leyendas y bellas tradiciones de los evangelios apócrifos que rodean el paso de la Sagrada Familia por el desierto.

Sin embargo, no podemos aferrarnos a nada más que a las Tradiciones más venerables confirmadas por Autores serios.

 

Tres cosas parecen bien confirmadas:

PRIMERO – Dimas era un famoso ladrón, peligroso bandido y fratricida. Practicó el bandidaje en Judea.

SEGUNDO – Era de origen egipcio, pagano y no judío.

En la cruz, dice San Juan Crisóstomo, hay dos ladrones, imagen de los judíos y de los gentiles.

El ladrón arrepentido, imagen del paganismo, que primero camina en el error y luego regresa a la verdad.

Quien permanece ladrón hasta la muerte es imagen de los judíos hasta la hora de la crucifixión. Ellos caminan por el camino de la criminalidad.

Sin embargo, la cruz los separará.

TERCERO. - Finalmente: Es cierto que albergó a la Sagrada Familia en el desierto y los protegió hasta que entraron en Egipto.

 


El nombre DIMAS es conocido desde el siglo II, y el gran teólogo SALMERÓN, afirma que, según las tradiciones más antiguas cuidadosamente estudiadas por él, los nombres de los dos ladrones del Calvario eran GESTAS y DIMAS. El Martirologio Romano sólo dice el 25 de marzo: “EN JERUSALÉN CONMEMORACIÓN DEL BUEN LADRÓN QUE EN LA CRUZ PROFESIONÓ LA FE DE JESUCRISTO Y MERECIÓ ESCUCHAR ESTAS PALABRAS: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”.  El sabio CARDENAL BARONIO hace esta observación: “Casi todos le llaman Dimas”.  El nombre fue tomado de los Evangelios apócrifos, y por ello fue omitido en el Martirologio, pero, sin embargo, existen un cierto número de altares e Iglesias con el nombre e invocación de SAN DISMAS.  Fue sólo para evitar los ataques de los hipercríticos que la Sagrada Congregación de Ritos, en 1724, suprimió el nombre de Dimas y dice simplemente EL BUEN LADRON.  Dio permiso para que se dijera Misa y se recitara el Oficio del Buen Ladrón en la Orden de las Misericordias, en los Teatinos y en muchos Conventos y Diócesis.  La sabia reserva de la Iglesia dice Mons. GAUME, de ninguna manera vino a perjudicar la Tradición, y podemos y debemos invocar al BUEN LADRÓN con el nombre de SAN DIMAS.

 

Dimas, cuando encontró a la Sagrada Familia en el desierto y los protegió, debía tener entre veinticinco y treinta años.

 

 


 

Es opinión de varios autores que cuando sufrió el suplicio de la cruz, debía tener entre 55 y 60 años, y que había pasado alrededor de 30 a 40 años en el bandidaje.

 

 Después de ser perseguidos por la Justicia Romana que pretendía liberar a Judea de los grandes bandidos que la infestaban, y sobre todo atacaron a los romanos y provocaron sediciones.

DIMAS y GESTAS fueron arrestados en las afueras de Jericó y fueron juzgados allí.

 

PILATO ordenó que los llevaran a Jerusalén para azotarlos y crucificarlos, a fin de que sirvieran de ejemplo a los peligrosos ladrones de la región.

DIMAS y GESTAS fueron encadenados de pies y manos y arrojados a una horrible prisión pública en Jerusalén, cerca del Pretorio de Pilato.

 

En estas mazmorras subterráneas e infectadas, los condenados eran atados con cadenas y fijados a las paredes con anillos.

 

El condenado fue liberado de la prisión para ser azotado y crucificado.

DIMAS fue cruelmente azotado.

 

DIMAS fue crucificado como Jesucristo.

Clavaron sus manos y pies en la cruz.

 

No hay ninguna posibilidad de que simplemente lo ataran a la cruz.

 

Ésta no era la manera de crucificar a grandes criminales.

La crucifixión implicaba la transfixión de las manos y los pies en la cruz.

 

Fue una tortura horrible.

Crucificado junto a Jesús, DIMAS notó inmediatamente la mansedumbre y dulzura de Jesús.

 


Es cierto que el evangelista habla de los ladrones que blasfemaron, pero, según los intérpretes, este plural se entiende como una forma de hablar para indicar la clase de los ladrones y no que ambos blasfemaron.

Dimas observó la paciencia de Jesús y se conmovió. Tocado por la gracia, se convierte milagrosamente.

La fe de aquel pobre ladrón en aquel momento era heroica y la confianza admirable. Vio a su lado a un hombre crucificado, blasfemado, insultado de manera vil por el pueblo, por los sacerdotes y por los enemigos.

Sin embargo, tocado milagrosamente por la gracia, reconoce en Jesús crucificado al Mesías y a un Dios, Señor de un Reino celestial.

 

Entre los Santos, SAN DIMAS tiene privilegios que otros no tenían.

Gozará de gloria, dice MONS. GAUME, basada en los Santos Padres, una gloria que muchos no poseen.

PRIMERO: San Dimas fue el único santo que mereció ser crucificado con Jesucristo y como Jesucristo. ¿Qué es más parecido a un Crucificado que a otro Crucificado? pregunta un Santo Doctor.

 

SEGUNDO: Fue el abogado del Hijo de Dios en la cruz. Proclama la inocencia de Jesús cuando sus enemigos lo acusan y sus amigos permanecen en silencio.


TERCERO: El único predicador de la Divinidad de Cristo en el Calvario. – Si fue necesaria mucha valentía para confesar la inocencia de Jesús, fue necesaria una fe aún mayor para reconocer en aquel hombre crucificado a un Dios, al Señor de un Reino en los cielos.

 

CUARTO: Fue Compañero de dolores de María en el Calvario.

 

 


RELIQUIA DE SAN DIMAS


La parroquia de San Dimas recibió una preciosa reliquia.

Es una partícula del brazo de la cruz en la que fue clavado el Buen Ladrón.

Cada día 26 de cada mes dedicado al culto de San Dimas, es expuesto a la veneración de los fieles.

Recomendamos que cada mes, del 23 al 25, los devotos hagan un triduo de oraciones unos por otros, pidiendo gracias a San Dimas.

Cada día 26 de mes, trate de rendir algún homenaje piadoso al gran Santo.

 




ORACIÓN

 

   SAN DISMAS, que tuviste la felicidad de oír de labios de Jesús Crucificado esta palabra de salvación: hoy estarás conmigo en el Paraíso, y que, lleno de gran confianza en el amor misericordioso de Jesús, te atreviste a pedir: «SEÑOR, ACUÉRDATE DE MÍ CUANDO ENTRES EN TU REINO» y obtuviste la misericordia y el perdón que te transformaron en santo y mártir; Glorioso SAN DIMAS, tu fe viva y tu contrición en tu hora final te ganaron tan gran gracia.

   Nosotros, pobres pecadores, por las llagas de Jesús crucificado y por los dolores de tu Madre, María Santísima, te rogamos y esperamos alcanzar la divina misericordia en la vida, y especialmente en la hora de la muerte.

   Y para que tal gracia nos sea concedida, imploramos vuestra valiosa protección. Oh San Dimas, tú fuiste el buen Ladrón que, robando el cielo y conquistando el Corazón agonizante y misericordioso de Jesús, te convertiste en modelo de confianza y de pecadores arrepentidos.

   ¡Ayúdanos, San Dimas, en todas nuestras aflicciones y necesidades temporales y espirituales! Sobre todo, en aquella hora final, cuando llegue nuestra agonía, pido a Jesús crucificado y muerto por nuestra salvación, que tengamos tu arrepentimiento y confianza, y también, como Tú, escuchemos la consoladora promesa: “HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”.

 

 

El culto a San Dimas se remonta a los primeros siglos.

 

Desde que Santa Elena, madre del emperador Constantino, mandó hacer excavaciones en el Calvario y descubrió la cruz del Salvador, también se ha encontrado la cruz de San Dimas, el Buen Ladrón.

La Santa Emperatriz donó esta preciosa reliquia a los habitantes de la isla de Chipre.

Fue conservada y venerada durante siglos en la capital NICÓSIS, hoy LEFKOSIA. Quedó milagrosamente suspendido en el aire detrás del Altar Mayor.

Este prodigio atrajo a muchos peregrinos y peregrinaciones. La gente venía desde muy lejos para venerar al Buen Ladrón, y se realizaban curaciones maravillosas y milagros en toda la región mediante la invocación de San Dimas.

Una parte de esta cruz fue llevada a Constantinopla y dividida en parcelas por varias iglesias de Oriente y Occidente a medida que se extendía el culto al Buen Ladrón.

 

 

 

 


 

En la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma, en el altar mayor de la capilla de las reliquias, se encuentra un importante trozo del brazo de la cruz de San Dimas.

 


 

RELIQUIA QUE SE CREE PROVIENE DE LA CRUZ DE SAN DIMAS,

CONSERVADO EN LA IGLESIA DE LA SANTA CRUZ DE JERUSALÉN, EN ROMA.

 

 


 

¡San Dimas!

Por las llagas de Jesús Crucificado.

En la vida y en la muerte que yo esté justificado.




lunes, 24 de marzo de 2025

SAN SIMÓN DE TRENTO, INOCENTE Y MÁRTIR – 24 de marzo.

 



   El 24 de marzo el Martirologio Romano, conmemora “la pasión de San Simeón, niño, cruelísimamente sacrificado por los judíos en Trento y después glorificado por sus muchos milagros”. En 1475, un muchacho de tres años, llamado Simón, desapareció en el pueblo italiano de Trento; las circunstancias eran tales que la sospecha recayó en los judíos. Esperando declarar sobre esta sospecha, uno de ellos “halló” el cuerpo del niño en una canalización, donde después confesaron haberlo tirado.

 

 

 

   El examen del cuerpo, reveló a todas luces que el muchacho no se había ahogado; había heridas extrañas en el cuerpo, de circuncisión y crucifixión. Según testimonios recogidos en Trento poco después de la tragedia. Un médico judío atrajo al niño con halagos, y secuestró al pequeño con miras a la celebración de la Pascua judía.

 

 


 

   Después de crucificar al niño y extraerle la sangre, los oficiales de la sinagoga ocultaron su cuerpo por algún tiempo y, después lo arrojaron al canal. Se arrestaron aproximadamente a siete Judíos; fueron torturados y reconocieron que el muchacho había sido ritualmente asesinado con el propósito de obtener sangre cristiana para mezclar con el pan ázimo ceremonial; se hicieron estas confesiones separadamente y estuvieron de acuerdo en la totalidad de los detalles esenciales. Se juzgó a los judíos y finalmente fueron ejecutados.

 

 

 

   El funcionario a cargo de la investigación del crimen fue Jean de Salis de Brescia, un Judío convertido, originalmente llamado Jean de Feltro, quien describió cómo su padre lo dijo que Judíos de su pueblo, Lanzhat, habían matado a un niño en una Pascua y de cómo mezclaron su sangre en el vino y en pasteles.




 

   Nadie se ha atrevido alguna vez a reprobar y negar los eventos históricos de este caso; sólo los Judíos inventan “razones” de por qué no era un Asesinato Ritual. Pero no hay ningún escape a la conclusión opuesta. En 1759, en respuesta a una apelación judía de Polonia, la Inquisición envió al Cardenal Ganganelli (que más tarde llegó a ser el Papa Clemente XIV) para investigar e informar de todo este asunto, con referencia particular a los muchos casos que por entonces se informaron en Polonia. (Ver Informe del Cardenal Ganganelli, en el The Ritual Murder Libel and the Jew, de C. Roth, 1935, pág. 83): “admito entonces como verdadero el hecho del Bendito Simón, muerto a los tres años de edad, asesinado por los Judíos en Trento en el año de 1475 en odio de la fe de Jesucristo (aunque sea discutido por Basnage y Wagenseil); por el famoso Flaminio Cornaro, un Senador Veneciano, en su trabajo “El Culto del Niño San Simón de Trento (Venice, 1753) dispone de todas las dudas levantas por los mencionados críticos”. Los judíos tratan de tirar a descrédito a los jueces que condenaron a los asesinos judíos.

 

 

 

   El Papa Sixto IV, enfrentó la posibilidad de sancionar el culto de San Simón; pero la razón de esto era que el culto no estaba aún autorizado por Roma, era un movimiento popular sin autoridad.  Este mismo Papa, más tarde, expresó su aprobación del veredicto sobre los judíos en la Bula Papal XII Kal. Julio, 1478.

 

 

 

   No tenemos sólo el testimonio acerca de lo correcto de los procedimientos de Sixto IV; también de varios otro Papas; Sixto V, quien reguló el culto popular de San Simón al ratificarlo en 1588, como lo citado por Benedicto XIV en Libro I, Ch. XIV, Nº 4 de su trabajo En la Canonización de los Santos; también por el mismo Papa Benedicto XIV en su Bulla Beatus Andreas del 22 de febrero, I755, en que confirma a Simón como un santo, un hecho que omitió de los argumentos de ese abogado de los Judíos, Strack (The Jew and Human Sacrifice); Gregorio XIII reconociendo a Simón como un mártir, y también visitando la urna; y, como ya se declaró, se obligó a reconocer que era un caso de asesinato Judío en odio de Cristiandad según Clemente XIV.

 

 

 

   La urna de San Simón está en la Iglesia de San Pedro, en Trento; se muestran reliquias de él todavía, entre ellos el cuchillo sacrificatorio.

 

 

 

   Para resumir, el Asesinato Ritual de San Simón de Trento es apoyado por tal evidencia que quien dude de la condena, en consecuencia, lo hace sin razón de las altas autoridades jurídicas y eclesiásticas de cuya probidad e inteligencia no hay la más ligera excusa para ponerlas en duda.

 

 

 

FUENTE: Católicos Alerta. (Defendiendo nuestra fe).

 


domingo, 16 de marzo de 2025

SAN LONGINOS, MÁRTIR (Siglo I) —15 de marzo.

 





   La historia de San Longinos, a quien conmemora en este día el Martirologio Romano, se desarrolló en la ciudad de Cesárea, en Capadocia.

   Su narración es conveniente hacerla en los mismos términos en que la hace el Beato Santiago de Vorágine en su "Golden Legend".





   De acuerdo con su relato, San Longinos fue el centurión que, por órdenes de Pilatos, estuvo con otros soldados al pie de la cruz de Nuestro Señor y el que traspasó Su costado con una lanza. Longinos fue quien, al ver las portentosas convulsiones de la naturaleza que se produjeron a la muerte de Cristo, pronunció la famosa frase que le hizo el primer convertido a la fe cristiana: “¡Verdaderamente, Este era Hijo de Dios!”.




   También se dice de él que estaba quedándose ciego y, al dar la lanzada, una gota de sangre del Salvador cayó sobre sus ojos y lo dejó sano al instante. Por tal razón, abandonó la carrera de soldado y, después de haber sido instruido por los apóstoles, llevó una vida monástica en Cesárea, Capadocia, donde ganó muchas almas para Cristo por medio de sus palabras y ejemplo.




   Muy pronto cayó en manos de los perseguidores, que lo llevaron a juicio. Como se rehusara a ofrecer sacrificio, el gobernador ordenó que se le quebraran a golpes todos los dientes y que se le cortara la lengua. Sin embargo, Longinos no perdió a consecuencia de esto la facultad de hablar y ahí mismo, apoderándose de un hacha, redujo a fragmentos los ídolos y gritó: “Ahora veremos si en verdad son dioses”. 


   Una horda de demonios salió de los ídolos, se apoderó del gobernador y de sus ayudantes, que cayeron a los pies de Longinos, gimoteando y emitiendo aullidos.
   El santo les dijo: “¿Por qué toman los ídolos como morada?”. 


   Los demonios contestaron: “Dondequiera que no se oiga el nombre de Cristo y no se imponga el signo de su cruz, allí es nuestra morada”.  



   
 
   Entretanto, el gobernador continuaba dando gritos estridentes, porque había quedado ciego. 

   Longinos fue hacia él y le dijo: “Sábete que solamente puedes ser curado cuando me hayas quitado la vida. Pero tan pronto como yo haya entregado mi alma por tu acción, rogaré por ti y obtendré para ti salud, tanto para el cuerpo como para el alma”. 

   Inmediatamente después, el gobernador ordenó que se le cortara la cabeza y, tan luego como se ejecutó la orden, cayó el gobernador sobre el cadáver y, con abundante llanto, mostró su arrepentimiento. En el mismo momento, recuperó la cordura, así como la vista, y terminó su vida haciendo toda clase de buenas obras.

   Es evidente el carácter enteramente indigno de confianza de este relato, que no está apoyado en ninguna evidencia de documentos de los primeros siglos. El “centurión” de Marcos (15, 29) está identificado sin ninguna prueba de garantía con el “soldado” (Juan  19, 34) que atravesó el costado de Jesús. A este último, en el Evangelio apócrifo de Nicodemus, conocido también como “Las Actas de Pilatos”, se le da el nombre de Longinos en sus últimas recensiones; pero parece haber probabilidades de que fue sugerido por la palabra griega δόρυ (lanza), el arma que se dice haber usado. 

   Existe un manuscrito sirio de los evangelios en la Biblioteca Laurenciana en Florencia, escrito por un cierto monje Rábulo, en 586, que contiene una miniatura de la crucifixión. En este manuscrito, el soldado que atraviesa el costado de Nuestro Señor, tiene el nombre de Longinos escrito sobre su cabeza en caracteres griegos. Esto, sin embrago, puede haber sido una adición ulterior. Lo que sabemos de cierto es que hubo varias historias diferentes en circulación respecto a Longinos, que dieron origen a diferentes fiestas en distintas fechas. 

   La leyenda más notable es la de Mantua, donde se afirma que Longinos fue a esa ciudad, poco después de la muerte de Nuestro Señor y allí, después de predicar el Evangelio por algunos años, sufrió el martirio. Más aún, se dice que llevó consigo una porción de la preciosa sangre derramada sobre la cruz y que esa reliquia se conserva en Mantua, así como el cuerpo del santo.




   Hay una abundante literatura relacionada con estas últimas fábulas. Algunos relatos se encuentran en C. Kroner, Die Longinuslegende (1899) en R. J. Peebles, The Legend of Longinus in Ecclesiastical Tradition and English Literature (1911). Ver también el Acta Sanctorum marzo, vol. n y F. I. Dogler, Antike und Christentum 1. iv (1933), pp. 81-94.


VIDAS DE LOS SANTOS
DE BUTLER

viernes, 7 de marzo de 2025

SANTAS PERPETUA Y FELICIDAD, MÁRTIRES. — 7 DE MARZO.



 

   Santa Perpetua y Santa Felicidad fueron martirizadas por decapitación en el anfiteatro de Cartago en el año 203, durante la gran persecución de Septimio Severo.

   Felicidad era una sirvienta (esclava) de Perpetua, quien estaba embarazada cuando fue arrestada por las autoridades romanas y dio a luz en la misma prisión.

    El relato del valor demostrado por los mártires y de su sacrificio está conservado con detalle por confesores de la fe cartagineses y por un escritor de su tiempo.

   Sus nombres están incluidos desde hace mucho tiempo en el Canon Romano de la Iglesia Católica y se les invoca tanto en las “Letanías de los Santos” como en la “Plegaria Eucarística I” en la parte dedicada a la “conmemoración de los difuntos”.

 

La cripta que lleva el nombre de Santa Perpetua fue encontrada hace unos años en las ruinas de la antigua Cartago.

  

LUGAR DEL MARTIRIO DE LOS SANTOS



RELATO DEL MARTIRIO:

 

   En el año 202, el emperador Severo ordenó que murieran aquellos que permanecieran cristianos y no quisieran adorar a los dioses romanos.

   Perpetua estaba celebrando una reunión religiosa en su casa cuando llegó la policía del emperador y la tomó prisionera, junto con su esclava Felicitas y los esclavos Revocato, Saturnino y Segundo.


   Perpetua dice en su diario:

 

   “Nos metieron en la cárcel y me quedé en shock porque nunca había estado en un lugar tan oscuro.

   El calor era insoportable y había mucha gente en un paso subterráneo muy estrecho.

   Parecía que moriría de calor y asfixia, pero sufrí mucho más por no poder estar con mi hijo, que sólo tenía unos meses y me necesitaba tanto.

    Lo que más pedí a Dios fue que nos diera gran virtud para poder sufrir y luchar por nuestra santa religión”.

  

   Al día siguiente llegaron unos diáconos católicos y dieron dinero a los carceleros para que trasladaran a los presos a otra celda, menos sofocante y oscura.

   Los llevaron a un lugar donde entraba la luz del sol y no estaban tan incómodos. También les permitieron llevarse al hijo de Perpetua, que se estaba dejando morir.

 

 Ella dijo en su diario:

 

    “Desde que tuve a mi hijo en mis brazos, aquella prisión me pareció un palacio y me sentí llena de alegría. Y el niño también recuperó su alegría y su vigor”.

 

   Las tías y la abuela se hicieron cargo entonces del niño y de su educación.

 

 

   El jefe del gobierno de Cartago llamó a Perpetua y a sus servidores a juicio.




   La noche anterior, Perpetua tuvo una visión en la que le dijeron que tendrían que subir una escalera llena de sufrimiento, pero que al final de tan dolorosa subida les esperaba el Paraíso Eterno.

   Ella contó a sus compañeros la visión y todos ellos estaban entusiasmados y decididos a permanecer fieles a la Iglesia hasta el final.

   Primero fueron llamados los esclavos y el diácono. Todos ellos proclamaron ante las autoridades que eran cristianos y que preferían morir antes que adorar a dioses falsos.

   Pronto llamaron a Perpetua. El juez le pidió que abandonara la religión de Cristo y se convirtiera a la religión pagana, lo que le salvaría la vida.

   Y le recordó que ella era una mujer muy joven y de una familia adinerada.

   Pero Perpetua proclamó que estaba decidida a ser fiel a Jesucristo hasta la muerte.

   En ese momento trajeron a su padre, el único de la familia que no era cristiano, y él se arrodilló y le rogó que no persistiera en llamarse cristiana, que aceptara la religión del emperador, que lo hiciera por amor a su padre y a su pequeño hijo.

   Ella se conmovió enormemente, pero terminó diciéndole: “Padre, ¿cómo se llama este objeto que tienes delante?”

 

   —Una bandeja, hija mía —respondió.

 

   —Pues bien, esta bandeja se llamará bandeja, porque es una bandeja. Y yo soy cristiano, no puedo llamarme pagano, porque soy cristiano y quiero serlo para siempre.

 

   Y añadió en su diario: “Mi padre era el único en la familia que no se alegraba de que fuéramos mártires de Cristo”.

 

   El juez decretó que los tres hombres fueran llevados al circo y allí, delante de la multitud, serían despedazados por las fieras el día de la fiesta del emperador; y que las mujeres serían atadas delante de una vaca enojada. Sin embargo, había un problema: Felicidades estaba embarazada y la ley prohibía matar a alguien que estaba a punto de dar a luz.

 

   Y ella quería ser martirizada por amor de Cristo.

 

   Así que los cristianos oraron con fe y Felicidad dio a luz una hermosa niña, que fue confiada a las mujeres cristianas, y así Felicidad pudo ser martirizada.

 

   Un carcelero se burló de ella, diciéndole: «Ahora que te quejas de los dolores del parto, ¿cómo afrontarás los dolores del martirio? »

 

   Ella le respondió:

 

   “Ahora soy débil porque sufro por naturaleza. Sin embargo, cuando llegue el martirio, me acompañará la gracia de Dios que me llenará de fuerza”.

 

   A los condenados a muerte se les permitió tener una cena de despedida. Perpetua y sus compañeras organizaron una cena eucarística.

 

   Dos santos diáconos les trajeron la comunión, y después de orar y animarse mutuamente, se abrazaron y se despidieron con el beso de la paz. Todos estaban entusiasmados, gozosamente dispuestos a dar sus vidas para proclamar su fe en Jesucristo.

 

   Antes de llevarlos al circo, los soldados querían que los hombres se vistieran como sacerdotes de dioses falsos y las mujeres como sacerdotisas paganas.

   Pero Perpetua se opuso y nadie pudo vestirlos con esas ropas.

   Los esclavos fueron arrojados a las bestias salvajes, que los destrozaron y así derramaron valientemente su sangre por nuestra religión.

 

   El diácono Sáturo logró convertir al cristianismo a uno de los carceleros, llamado Pudente.

   Le dije: «Para que veas que Cristo es Dios, te anuncio que me pondrán delante de un oso feroz, pero esta bestia no me hará ningún daño».

   Y así sucedió: lo ataron y lo colocaron frente a la jaula de un oso muy agresivo.

   El feroz animal no le hizo ningún daño, e incluso le dio una tremenda mordida a su dueño, quien lo incitaba contra el santo diácono.

   Luego liberaron un leopardo, que destrozó a Saturno de un mordisco.

   Cuando el diácono estaba a punto de morir, mojó un anillo en su sangre y lo colocó en el dedo de Pudente, quien entonces aceptó definitivamente la conversión al cristianismo.

 

   A Perpetua y Felicidad las ataron con alambre, las colocaron en el centro y liberaron a una vaca muy enojada, que las atacó sin piedad.




   A Perpétua sólo le preocupaba cubrirse con los trozos de tela que quedaban para no dar señales de estar desnuda.



   Se arregló el cabello para no parecer una pagana llorona.

   El pueblo, conmovido por el coraje de las jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde habían salido los gladiadores victoriosos.

   Entonces Perpetua salió de su éxtasis y preguntó dónde estaba la vaca que iba a atacarlos.

   Pero poco después la gente cruel pidió que los trajeran para decapitarlos delante de todos.

   Al escuchar esta noticia, las jóvenes se abrazaron emocionadas y regresaron a la plaza.

   A Felicidad le cortaron la cabeza de un hachazo, pero el verdugo que debía matar a Perpetua estaba muy nervioso y falló el primer golpe.



   Ella gritó de dolor, pero colocó mejor la cabeza para facilitar el trabajo del verdugo y le indicó dónde debía golpearla.

   Así, esta mujer valiente demostró hasta el último momento que murió mártir por voluntad propia y con toda generosidad.


CELDA EN LA PRISIÓN DE SANTA PÉPETUA Y SANTA FELICIDAD



LUGAR DEL MARTIRIO DE LOS SANTOS