lunes, 24 de agosto de 2026

SAN BARTOLOME, apóstol. — 24 de agosto.

 


   El gloriosísimo apóstol y fortísimo mártir de Cristo san Bartolomé, fué natural de Galilea, hijo de Tolmai, y de oficio pescador como su padre, según dice el historiador Josefo. 

   Luego que fué llamado por Jesucristo, lo dejó todo para siempre; y así fué testigo de casi todas sus palabras, obras y prodigios.







   Después de la pasión y muerte de Cristo vio muchas veces al Señor vivo y resucitado, y fue testigo ocular de su gloriosa Ascensión a los cielos. 

   Y a los cincuenta días de la Resurrección, habiendo recibido el Espíritu Santo y el don de lenguas, al tiempo que los apóstoles dividieron entre sí las provincias del mundo para predicar el Evangelio, cupo a san Bartolomé la misión de Licaonia, de Albania, de las Indias orientales y de Armenia. 

    Se llevó consigo el libro del Evangelio, escrito por san Mateo en lengua hebrea, y como dice san Crisóstomo, por todas partes donde esparcía las primeras semillas de la fe, eran tan colmados los frutos, que los gentiles se asombraban de la rara mudanza de costumbres, y de la pureza, templanza y virtud de los pueblos que se convertían. 

   De la Licaonia pasó a la India citerior, como lo escriben Orígenes, Eusebio y san Jerónimo; y añade san Panteno que más tarde se halló en aquella región una copia del Evangelio hebreo que llevaba consigo el santo apóstol. 



SAN BARTOLOME, apóstol. 



   De allí vino a la mayor Armenia, y a la ciudad, que era cabeza de aquel reino, donde había un templo del famoso ídolo llamado Astarot, en el cual el demonio con sus embustes daba oráculos y prometía la salud a los que le sacrificaban; mas habiendo el santo entrado en aquel templo, el ídolo enmudeció, causando esto grande asombro a aquella miserable gente. 

   Acudieron para saber la causa de aquel extraño silencio a otro ídolo llamado Berit, el cual respondió que la causa no era otra que la presencia de un hombre de Dios llamado Bartolomé, a quien el espíritu del oráculo había visto cercado de muchedumbre de espíritus celestiales, muy poderosos. 

   En esta sazón el santo apóstol hizo pedazos el ídolo y lanzó el maligno espíritu que afligía sobremanera a una hija del rey armenio llamado Polemón, el cual abrazó la fe de Cristo y se bautizó con toda su corte y familia. 

   Quisieron vengarse los sacerdotes de los ídolos, y acudieron a un hermano de aquel rey, que se llamaba Astiages, y tenía su estado en otra parte de Armenia, persuadiéndole que si no daba muerte a Bartolomé vería la ruina del culto de sus dioses, y también la de su casa, familia y reino. 





   Mandó pues Astiages, con falso pretexto de convertirse, llamar al santo apóstol, que deseaba ya terminar su carrera y unirse con Cristo; y cuando lo hubo en su poder el bárbaro tirano, ordenó que le hiriesen con varillas de hierro, que le desollasen vivo, y finalmente le cortasen la cabeza.





   Reflexión: Cuando los fieles visitan en Roma la iglesia de san Bartolomé y contemplan junto al sepulcro del santo que está debajo del altar mayor, una estatua preciosa que lo representa muy al vivo y tal como quedó después del suplicio, llenan sus almas de compasión y sus ojos de lágrimas. 






   Mas ¿qué fuera ver el mismo cuerpo del santo tan sangriento y desollado por amor de Cristo? ¿Quién no reconociera en aquella llaga de todo su cuerpo un sello auténtico y testimonio irrecusable de la verdad evangélica que predicaba el santo apóstol?





   Oración: Todopoderoso y sempiterno Dios que nos llenas de espiritual alegría con la fiesta de tu bienaventurado apóstol san Bartolomé; concede a tu Iglesia la gracia de amar con grande estima la verdad de la fe que creyó, y de ensalzar lo que enseñó. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM

DE LA FAMILIA CRISTIANA.

lunes, 10 de agosto de 2026

SAN LORENZO, diácono y mártir. (+ 258). — 10 de agosto.

 


   El gloriosísimo y fortísimo mártir san Lorenzo, nació en Huesca del reino de Aragón: su padre llamado Orencio y su madre, Paciencia, fueron santos, y de ellos celebra festividad la iglesia de Huesca.

   Le hizo el papa san Sixto, segundo de este nombre, arcediano, o primero de los diáconos de la iglesia romana.


   Por este tiempo anduvo muy brava la persecución del emperador Valeriano: y en ella fue preso san Sixto y llevado a la cárcel.

   Le salió al camino san Lorenzo y Ie dijo: «¿Adónde vas, oh padre, sin tu hijo? ¿Adónde vas, oh sacerdote, sin tu diácono?»




   Le respondió el venerable pontífice: «A ti, hijo mío, como a más joven, te aguardan más rigurosos suplicios, y más gloriosa victoria: anda a repartir a los pobres los tesoros de la Iglesia; porque presto me seguirás como hijo al padre, y como diácono al sacerdote.»

   Cumplió san Lorenzo enteramente la voluntad del pontífice, y gastó toda la noche en visitar a los pobres y repartirles el tesoro de la Iglesia, y el día siguiente volvió a san Sixto, y viendo que ya le llevaban a degollar, corrió a él y con voz alta y llorosa le dijo: «No me desampares, padre santo: ya cumplí tu mandamiento y distribuí los tesoros que me encargaste.»



   Oyeron los ministros de justicia estas palabras, y, a la voz de los tesoros, echaron mano de Lorenzo, y dieron noticia de lo que habían oído al emperador, el cual se holgó de ello esperando hartar su codicia.

   Le preguntó, pues, por los tesoros de la Iglesia; y el santo con una sabiduría y sagacidad, divina le respondió, que se los traería.

   Y juntando el santo diácono un buen número de ciegos, cojos, mancos y pobres, a quienes había socorrido, se vino con ellos al emperador y le dijo: “Estos son los tesoros de la Iglesia”.




   No se puede fácilmente creer la saña que recibió el tirano, viendo así frustradas sus esperanzas: le mandó luego azotar y rasgar sus carnes con escorpiones; y echando de ver que no se quejaba ni daba un solo gemido, antes se reía del tirano y de los tormentos, se embraveció más y exclamó: «Tú eres un mago; pero yo te juro por los dioses inmortales que has de padecer tan graves penas que ningún hombre hasta hoy las padeció.»

   A lo cual respondió Lorenzo: «En nombre de Jesucristo te aseguro que no las temo.»





   Le mandó pues atormentar toda la noche con varios suplicios, y finalmente asarle en un lecho de hierro a manera de parrillas, en las cuales no mostró el santo ningún sentimiento de dolor; sino que estando asada una parte de su cuerpo, habló al tirano y le dijo: «Ya está asada la mitad de mi cuerpo; manda que me vuelvan de la otra parte, y que me echen la sal.»




   Y mientras el tirano con los ojos encarnizados y dando bramidos de rabio y furor mandaba a los sayones que atizasen el fuego, el fortísimo mártir, levantados los ojos al cielo, decía: «Recibid, Señor, este sacrificio, en olor de suavidad»; y dando gracias al Señor, expiró.




Reflexión: Este es el martirio de san Lorenzo, gloria de España, y tan ilustre en toda la cristiandad, después del protomártir san Esteban, que como dice san Agustín, «alumbró con sus resplandores el universo mundo.»


   ¿Quién no se animará con tal ejemplo a servir a Jesucristo con viva fe, segura esperanza y encendida caridad, sin temer el fuego y crisol de la tribulación por donde se llega al eterno descanso y refrigerio?

#

Oración: Concédenos, oh Dios todopoderoso, que se apaguen en nosotros las llamas de nuestros vicios; pues concediste al bienaventurado san Lorenzo que venciese el fuego de sus tormentos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.





FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

lunes, 3 de agosto de 2026

LA INVENCIÓN DEL CUERPO DE SAN ESTEBAN. —3 de agosto (En el año 415)

 


  Con haber sido tan ilustre en la Iglesia primitiva el glorioso protomártir san Esteban, estuvo su santo cuerpo largo tiempo escondido, hasta que el Señor se dignó revelarlo en tiempo de los emperadores Honorio y Teodosio el Menor su sobrino, el año 415 de nuestra salud.

  



   Se hizo esta revelación a Luciano presbítero, el cual refiere todo lo que en ella pasó en una carta escrita en griego, donde dice: “Que estando él durmiendo en un lugar del bautisterio, donde solía dormir para mejor guardar la iglesia y ocurrir presto a las necesidades de los fieles de su parroquia, despertó viendo un súbito resplandor, y le apareció un venerable anciano en traje de sacerdote, el cual le mandó que buscase los cuerpos santos, que estaban en cierta heredad de aquella aldea, y los colocase en otro lugar más decente. Preguntó Luciano al venerable viejo quién era, y cuyos eran aquellos cuerpos. Y él respondió que era Gremaliel, el que había enseñado a san Pablo apóstol de Jesucristo, y que el que estaba en el monumento con él a la parte de Oriente era el bendito mártir san Esteban, que fue apedreado de los judíos, cuyo cuerpo él había hecho recoger y enterrar en aquella heredad suya, y que en otro lucillo y sepulcro estaba el cuerpo de Nicodemus, al cual, por ser discípulo de Cristo, los judíos habían anatematizado y desterrado de la ciudad, y él le había recogido en su casa y dado todo lo que había menester todo el tiempo que vivió, y después de muerto le sepultó honoríficamente junto a san Esteban”.

 



   Con las señas que recibió del santo anciano Gamaliel, fue Luciano a Jerusalén a dar cuenta de todo al obispo; el cual dio orden que se buscasen los santos cuerpos en el lugar señalado; y en efecto, cavando en él, hallaron tres sepulcros en cuyas piedras se leía en letras siríacas: Esteban, Nicodemus, Gamaliel. Divulgándose luego esta noticia, vino el obispo de Jerusalén, llamado Juan, acompañado de Eleuterio, obispo de Sebaste, y otro Eleuterio, obispo de Jericó, y del clero y gran muchedumbre de fieles; y abriendo el sepulcro donde estaba el cuerpo del glorioso san Esteban, comenzó a temblar la tierra y salir un suavísimo olor y fragancia celestial de aquel sagrado cuerpo, tan extremada que a los que presentes se hallaban les parecía estar en el paraíso. Dieron todos voces de alabanza a Dios, y más cuando por la virtud de aquellas sagradas reliquias sanaron setenta y tres enfermos de varias dolencias.

 

   Trasladaron los santos cuerpos en solemnísima procesión a Jerusalén, donde fueron colocados en preciosas urnas; hasta que Teodosio el Joven quiso que el de san Esteban pasase a Constantinopla; y poco después el papa Gelasio I lo hizo trasladar a Roma y depositar en la basílica edificada con nombre de san Lorenzo.

 



Reflexión: El sapientísimo doctor de la Iglesia san Agustín hacía en sus sermones mención honorífica de esta maravillosa invención del cuerpo de san Esteban, y de los milagros sin cuento con que quiso el Señor glorificar a su protomártir, no solo en Jerusalén, sino en todas partes, a donde se llevaba alguna parte de sus preciosas reliquias. Donde se ve con cuánta razón celebra la Iglesia católica el descubrimiento de este gran tesoro, para hacernos dignos de las mercedes que podemos alcanzar por los méritos del Santo.

 

 

Oración: Concédenos, Señor, la gracia de imitar al santo cuya fiesta celebramos, para que aprendamos por su ejemplo, a amar también a nuestros enemigos, ya que celebramos la Invención de aquel santo que supo rogar por sus mismos perseguidores a Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

 

FLOS SANCTORVM

 DE LA FAMILIA CRISTIANA


domingo, 2 de agosto de 2026

SAN PEDRO Ad-vincula (o a la cadena). — 1 de Agosto (En el año 43 de J. C.)

 

q


   Celebra en este día la santa Iglesia la festividad de las cadenas del glorioso príncipe de los apóstoles san Pedro, cuya prisión se refiere en el sagrado libro de los Hechos apostólicos por estas palabras: «En este mismo tiempo el rey Herodes se puso a perseguir a algunos de la Iglesia. Primeramente, hizo degollar a Santiago, hermano de Juan. Después, viendo que esto complacía a los judíos, determinó prender también a Pedro. Eran entonces los días de los Ázimos. Habiendo, pues, logrado prenderle, le metió en la cárcel, entregándole a la custodia de cuatro piquetes de soldados, de a cuatro hombres cada piquete, con el designio de presentarle al pueblo y ajusticiarle después de la Pascua. Mientras Pedro estaba así custodiado en la cárcel, la Iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Mas cuando iba ya Herodes a ponerle a la vista del pueblo, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro en medio de dos soldados, que le tenían atado con dos cadenas; y las guardias estaban haciendo centinela ante la puerta de la cárcel. 







   Mas he aquí que de repente apareció un ángel del Señor, cuya luz llenó de resplandor toda la pieza: y tocando a Pedro en el lado, le despertó diciendo:

   “Levántate al punto”.

   Y en aquel instante se le cayeron de las manos las cadenas. Le dijo asimismo el ángel:

   “Ponte el ceñidor y cálzate las sandalias”.





   Así lo hizo. Le dijo más:

   “Toma tu manto y sígueme”.

   Salió, pues, y le iba siguiendo, bien que no creía ser cosa de verdad todo lo que veía. Pasada la primera y segunda guardia, llegaron a la cual se les abrió por sí misma. Saliendo puerta de hierro que sale a la ciudad, la por ella, caminaron hasta el fin de la calle: y súbitamente desapareció de su vista el ángel.





     Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo:

   “Ahora sí que entiendo bien que verdaderamente el Señor ha enviado su ángel y librándome de las manos de Herodes y de la expectación de todo el pueblo judaico”.





   Y habiendo pensado lo que podía hacer, se encaminó a la casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados en oración. Habiendo, pues, llamado al postigo de la puerta, una doncella llamada Rhodé salió a observar quién era; y conocida la voz de Pedro, fue tanto su gozo, que, en lugar de abrir, corrió adentro con la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron:

   “Tú estás loca”; más ella afirmaba que era cierto lo que decía. Ellos dijeron entonces:

   “Sin duda será un ángel”.

   Pedro entretanto proseguía dando golpes a la puerta.
   Abriendo, por último, le vieron, y quedaron llenos de asombro. Más Pedro haciéndoles señas con la mano para que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel y añadió:

   “Haced saber esto a Santiago y a los hermanos”.

   Y partiendo de allí se retiró a otra parte. Luego que fue de día, era grande la confusión entre los soldados sobre qué se habría hecho de Pedro. Herodes haciendo pesquisas por hallarle y no dando con él, hecha la sumaría a los de la guardia, los mandó llevar al suplicio.» (Act. Apóst., cap. XII).





Reflexión: Hoy es el día de rogar al Señor que vuelva los ojos compasivos sobre nuestro actual pontífice, sucesor suyo y Vicario de Cristo sobre la tierra; para que le libre de las cadenas con que le tienen como aprisionado sus enemigos, y pueda gobernar con entera libertad su santa Iglesia.




Oración: Oh Dios, que libraste al apóstol san Pedro de sus cadenas, y le pusiste en libertad sin que recibiese daño alguno; te suplicamos que rompas las cadenas de nuestros pecados, y que por tu bondad apartes de nosotros todos los males que nos amenazan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORUM

DE LA FAMILIA CRISTIANA