domingo, 2 de agosto de 2026

SAN PEDRO Ad-vincula (o a la cadena). — 1 de Agosto (En el año 43 de J. C.)

 

q


   Celebra en este día la santa Iglesia la festividad de las cadenas del glorioso príncipe de los apóstoles san Pedro, cuya prisión se refiere en el sagrado libro de los Hechos apostólicos por estas palabras: «En este mismo tiempo el rey Herodes se puso a perseguir a algunos de la Iglesia. Primeramente, hizo degollar a Santiago, hermano de Juan. Después, viendo que esto complacía a los judíos, determinó prender también a Pedro. Eran entonces los días de los Ázimos. Habiendo, pues, logrado prenderle, le metió en la cárcel, entregándole a la custodia de cuatro piquetes de soldados, de a cuatro hombres cada piquete, con el designio de presentarle al pueblo y ajusticiarle después de la Pascua. Mientras Pedro estaba así custodiado en la cárcel, la Iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Mas cuando iba ya Herodes a ponerle a la vista del pueblo, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro en medio de dos soldados, que le tenían atado con dos cadenas; y las guardias estaban haciendo centinela ante la puerta de la cárcel. 







   Mas he aquí que de repente apareció un ángel del Señor, cuya luz llenó de resplandor toda la pieza: y tocando a Pedro en el lado, le despertó diciendo:

   “Levántate al punto”.

   Y en aquel instante se le cayeron de las manos las cadenas. Le dijo asimismo el ángel:

   “Ponte el ceñidor y cálzate las sandalias”.





   Así lo hizo. Le dijo más:

   “Toma tu manto y sígueme”.

   Salió, pues, y le iba siguiendo, bien que no creía ser cosa de verdad todo lo que veía. Pasada la primera y segunda guardia, llegaron a la cual se les abrió por sí misma. Saliendo puerta de hierro que sale a la ciudad, la por ella, caminaron hasta el fin de la calle: y súbitamente desapareció de su vista el ángel.





     Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo:

   “Ahora sí que entiendo bien que verdaderamente el Señor ha enviado su ángel y librándome de las manos de Herodes y de la expectación de todo el pueblo judaico”.





   Y habiendo pensado lo que podía hacer, se encaminó a la casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados en oración. Habiendo, pues, llamado al postigo de la puerta, una doncella llamada Rhodé salió a observar quién era; y conocida la voz de Pedro, fue tanto su gozo, que, en lugar de abrir, corrió adentro con la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron:

   “Tú estás loca”; más ella afirmaba que era cierto lo que decía. Ellos dijeron entonces:

   “Sin duda será un ángel”.

   Pedro entretanto proseguía dando golpes a la puerta.
   Abriendo, por último, le vieron, y quedaron llenos de asombro. Más Pedro haciéndoles señas con la mano para que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel y añadió:

   “Haced saber esto a Santiago y a los hermanos”.

   Y partiendo de allí se retiró a otra parte. Luego que fue de día, era grande la confusión entre los soldados sobre qué se habría hecho de Pedro. Herodes haciendo pesquisas por hallarle y no dando con él, hecha la sumaría a los de la guardia, los mandó llevar al suplicio.» (Act. Apóst., cap. XII).





Reflexión: Hoy es el día de rogar al Señor que vuelva los ojos compasivos sobre nuestro actual pontífice, sucesor suyo y Vicario de Cristo sobre la tierra; para que le libre de las cadenas con que le tienen como aprisionado sus enemigos, y pueda gobernar con entera libertad su santa Iglesia.




Oración: Oh Dios, que libraste al apóstol san Pedro de sus cadenas, y le pusiste en libertad sin que recibiese daño alguno; te suplicamos que rompas las cadenas de nuestros pecados, y que por tu bondad apartes de nosotros todos los males que nos amenazan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORUM

DE LA FAMILIA CRISTIANA

jueves, 30 de julio de 2026

SAN ABDÓN Y SAN SENÉN, MÁRTIRES. (+ 250). — 30 de julio.

 





   Los nobilísimos y portentosos mártires de Cristo Abdón y Senén fueron persas de nación, y caballeros principales y muy ricos en su patria; los cuales siendo cristianos y viendo padecer a los que lo eran graves tormentos y muertes atroces, imperando Decio y persiguiendo crudamente a la Iglesia, se ocupaban en consolar las almas de los que padecían por Cristo, y en dar sepultura a los cuerpos de los que con muerte habían alcanzado la vida. 


   Supo esto Decio: le mandó prender y traer a su presencia, habiéndolos oído, y sabiendo por su misma confesión que eran cristianos, les mandó echar cadenas y prisiones, y guardar con otros cautivos de su misma nación que tenía presos, porque quería volver a Roma y entrar triunfando, y acompañado de todos estos presos y cautivos para que su triunfo fuese más ilustre y glorioso.


   Se hizo así: entró en Roma el emperador con gran pompa acompañado de gran multitud de persas cautivos, entre los cuales iban los santos mártires Abdón y Senén ricamente vestidos, como nobles que eran, y como presos, cargados de cadenas y grillos.



   Después mandó Decio a Claudio, pontífice del Capitolio, que trajese un ídolo y le pusiese en un altar, y exhortándoles que le adorasen, porque así gozarían de su libertad, nobleza y riquezas.


   Más los santos, con gran constancia y firmeza, le respondieron que ellos a solo Jesucristo adoraban y reconocían por Dios, y a Él le habían ofrecido sacrificio de sí mismos.


   Los amenazó con las fieras, y ellos se rieron.






   Los sacaron al anfiteatro, y quisieron por fuerza hacerlos arrodillar delante de una estatua del sol, que allí estaba; pero los mártires la escupieron, y fueron azotados y atormentados cruelmente con plomos en los azotes, y estando desnudos y llagados, aunque vestidos de Cristo y hermoseados de su divina gracia, soltaron contra ellos dos leones ferocísimos y cuatro osos terribles, los cuales, en lugar de devorar a los santos, se echaron a sus pies y los reverenciaron, sin hacerles ningún mal.





   El juez Valeriano, atribuyendo este milagro a arte mágica, mandó que los matasen; y allí los despedazaron con muchos y despiadados golpes y heridas que les dieron, y sus almas hermosas y resplandecientes subieron al cielo a gozar de Dios, dejando sus cuerpos feos y revueltos en su sangre.


    Los cuales estuvieron tres días sin sepultura, para escarmiento y terror de los cristianos; pero después vino Quirino, subdiácono (que se dice escribió la vida de estos santos), y de noche recogió sus sagrados cadáveres y los puso en un arca de plomo, y los guardó en su casa con gran devoción.


   E imperando el gran Constantino, por revelación celestial fueron descubiertos y trasladados al cementerio de Ponciano.








   Reflexión: Decía Marco Tulio, adulando al emperador Cayo César que acababa de perdonar generosamente a Marco Marcelo: «Has rendido muchas naciones y domado gentes bárbaras y triunfado de todos tus enemigos; pero hoy has alcanzado la más ilustre victoria, porque perdonando a tu enemigo te has vencido a ti mismo».


   ¿Pues quién duda que según esta filosofía, mayor victoria alcanzaron los santos Abdón y Senén atados al carro triunfal de Decio, que el otro emperador que acababa de sujetar a los persas?


   ¡Oh! ¡Cuán grande gloria es padecer afrentas por Cristo! «Más gloriosa, dice san Crisóstomo, es esa ignominia que la honra de un trono real, y del imperio del mundo».





   Oración: Oh Dios, que concediste a tus bienaventurados mártires Abdón y Senén un don copioso de tu gracia, para llegar a tan grande gloria; otórganos a rastros, siervos tuyos, el perdón de nuestros pecados, para que por sus méritos nos veamos libres de todas las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

lunes, 27 de julio de 2026

SAN PANTALEÓN, médico y mártir. (+ 305). —27 de julio.

 





   El médico, taumaturgo y mártir de Cristo san Pantaleón, nació en Nicomedia de Bitinia, y fue hijo de Eustorquio, hombre rico y noble, aunque gentil, y de Ebula, señora cristiana, la cual murió dejando a Pantaleón muy niño. 

   Le puso el padre a los estudios de retórica y filosofía, y después a los de la medicina, en la cual salió nuestro santo muy aventajado.

   Estaba a esta sazón escondido en una pequeña casa por temor de la persecución, un venerable sacerdote de vida santísima, llamado Hermolao, el cual trabó amistad con Pantaleón y poco a poco le vino a persuadir que el autor de la vida y señor de la salud temporal y eterna era Jesucristo: y como un día viese Pantaleón un niño muerto, y junto a él una víbora que parecía decir que ella había cometido aquel homicidio, movido del Señor dijo entre sí: «Ahora veré yo si es verdad lo que Hermolao me dice».




   Y llegándose al niño, le dijo: «Levántate vivo en el nombre de Jesucristo, y tú, bestia ponzoñosa, padece el mal que le has hecho».

   Luego el niño se levantó con vida y la víbora quedó muerta: y visto este milagro se fue a Hermolao y le pidió el bautismo.

   De allí a pocos días entró en casa de Pantaleón ya cristiano, un hombre ciego, y poniéndole el santo las manos sobre los ojos, invocando el nombre de Jesucristo, luego le restituyó la vista, y con ella le dio juntamente la luz del alma, persuadiéndole que se hiciese cristiano.




   Presenció este prodigio el padre de Pantaleón, y luego quiso también bautizarlos.

   De aquí se comenzó a divulgar la fama del santo médico; y por las muchas enfermedades incurables que sanaba en el nombre del Señor, le tenían grande envidia los otros médicos y le acusaron delante del emperador Maximiano que estaba a la sazón en Nicomedia.

   Confesó claramente Pantaleón que era cristiano, y concertaron que trajesen un enfermo del todo desahuciado de los médicos y de sus sacerdotes, con la invocación de cualquiera de sus dioses, le procurasen dar la salud, y que él también invocaría a Jesucristo, y que el que le sanase fuese tenido por verdadero Dios. 

   Se hizo así: trajeron un paralítico de muchos años: los sacerdotes de los ídolos hicieron sus diligencias todas fueron en vano.

   Y Pantaleón tomando por la mano al paralítico, le dijo: «Levántate sano en nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo».




   Y el enfermo se levantó sano, haciendo gracias a Dios; y muchos de los circunstantes se convirtieron a la fe. 

   Mas como los sacerdotes de los ídolos persuadiesen al emperador que Pantaleón era un gran mago y enemigo de los dioses, el tirano ejercitó en él diversos suplicios, el potro, las uñas de hierro, el plomo derretido, las fieras y la espada; de todos los cuales salió el santo milagrosamente ileso; hasta que animando él mismo al verdugo que había de cortarle la cabeza, en la segunda herida, entregó su espíritu al Creador.





   Reflexión: Este glorioso santo no solamente fue portentoso en su vida y en su martirio, más lo es también perpetuamente después de su muerte; porque en la ciudad de Ravello, en el reino de Nápoles, se conserva en la iglesia catedral una redoma de su sangre, y cada año en el día de su martirio se derrite y descuaja, estando el resto del tiempo cuajada y dura, y la sacan aquel día en procesión. 




   Semejante prodigio hace el Señor con la sangre de este mismo santo que se conserva también en una ampollita de cristal en la iglesia de las Agustinas del real convento de la Encarnación de Madrid.







   Oración: Te suplicamos, oh Dios omnipotente, nos concedas por la intercesión de tu bienaventurado mártir Pantaleón, que seamos libres de todas las calamidades del cuerpo y de todos los malos pensamientos del alma. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA

sábado, 25 de julio de 2026

SANTIAGO EL MAYOR, apóstol. (+ 44 de J. C.). — 25 de julio.

  




   El protomártir de los apóstoles, Santiago el Mayor, luz y patrón de las Españas, fué natural de Galilea, hijo de Zabedeo y de María Salomé, hermano mayor de san Juan evangelista, y primo de Jesucristo según la carne.

   Fueron ambos hermanos pescadores y andando el Señor a la ribera del mar de Galilea, violes en un navío con su padre Zebedeo, remendando las redes, y los llamó, y ellos dejando al punto las redes y a su padre, le siguieron.





   Les mudó después el Señor el nombre y por su ardoroso celo los llamó Boanerges que quiere decir hijos del trueno, y después de san Pedro, a quien mudó también el nombre, fueron estos dos hermanos los discípulos favorecidos del Salvador.

   Porque los llevó consigo cuando fué a resucitar a la hija del príncipe de la sinagoga; quiso que fuesen testigos de su transfiguración en el Tabor, y de su mortal tristeza en el huerto de Getsemaní, y después de su resurrección hizo que se hallasen presentes a casi todas sus frecuentes apariciones.





   Refiere el evangelista san Lucas que viendo los dos hermanos Santiago y Juan que los samaritanos no querían hospedar al Señor, le dijeron: ¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo que abrase esta gente? Mas Jesús les respondió: No sabéis de qué espíritu sois; dándoles a entender que Él no había venido a dar la muerte a los pecadores, sino a morir por ellos para darles la vida eterna.

   En otra ocasión la madre de estos dos hermanos se atrevió a pedirle que en su reino hiciese que el uno de ellos se sentase a su diestra y el otro a la siniestra; más el Señor les dijo: No sabéis lo que pedís; porque pedían dignidad temporal.

   Les preguntó si podrían beber el cáliz que El mismo había de beber; y como respondiesen animosos que sí, el Señor les profetizó que en efecto lo beberían, y padecerían el martirio por su amor.

   Después de la Ascensión de Jesucristo predicó Santiago en Jerusalén y en Samaría; y habiendo los judíos apedreado y muerto a san Esteban, y levantándose aquella grande tempestad en Jerusalén contra la Iglesia, el santo apóstol vino a España y convirtió algunos hombres a la fe, de los cuales siete fueron ordenados de obispos por san Pedro, y pasaron a España.

  Llegado Santiago a Zaragoza, salió una noche con sus discípulos a la ribera del Ebro para orar, y la Reina de los ángeles, que aún vivía, se le apareció sobre una columna o pilar de jaspe, y le dijo:





   «En este mismo lugar labrarás una iglesia de mi nombre, porque desde ahora tomo esta nación debajo de mi amparo».




   Volvió después el santo apóstol a Jerusalén donde los judíos le echaron una soga a la garganta y acudiendo los soldados le prendieron y llevaron delante del rey Herodes, el cual por dar contento al pueblo le mandó degollar.


Reflexión: Grandes han sido las mercedes que Dios nuestro Señor ha hecho a los reinos de España por medio de este gloriosísimo apóstol; porque de él recibieron la luz de la fe, y el primer templo labrado a la Madre de Dios, y la celestial protección contra los moros, hasta capitanear el mismo santo apóstol nuestros ejércitos, montado sobre un caballo blanco, y con un grande estandarte blanco en la mano, como se vio en la famosa batalla de Clavijo, por lo cual la señal de acometer los soldados españoles y cerrar con el enemigo, comenzó a ser la señal de la cruz y decir:

   «¡Santiago, y cierra España!»






   Invoquémosle pues al rogar por nuestra patria, para que la libre de sus actuales enemigos.


Oración: Santifica, Señor, y guarda a tu pueblo, para que amparado de la protección del bienaventurado apóstol Santiago, te agrade con sus virtuosas costumbres y te sirva en paz. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.