miércoles, 23 de septiembre de 2026

SANTA TECLA, virgen y protomártir. (+ hacia el fin del siglo I). —23 de setiembre.

 


 
   La esclarecida virgen y protomártir santa Tecla nació de ilustres padres en Iconio de Licaonia.

   Hallábase en dicha ciudad cuando llegó a ella el apóstol san Pablo a predicar el Evangelio.

   A la fama de la nueva doctrina, acudió Tecla a oír las enseñanzas del apóstol, y quedó tan convencida de la verdad de la fe cristiana y tan enamorada de la castidad por las alabanzas que de ella oyó, que desde luego resolvió firmemente consagrar su virginidad a Dios, renunciando al matrimonio que sus padres tenían ya concertado con un joven muy noble y bien apuesto, por nombre Tamiris.





  

 Y no se contentó con entablar ella sola una vida de oración y recogimiento conforme a las prescripciones del santo apóstol; sino que atrajo al mismo género de vida a gran número de doncellas.

   Bajo la disciplina de Tecla alcanzaron sublime grado de santidad, entre otras, dos matronas llamadas Trifena y Trifosa.

   Tanto los padres de Tecla como el joven Tamiris llevaron tan a mal que la santa, por seguir una ley nueva de tanta abnegación y humildad, renunciase a las bodas, que la acusaron ante el juez de que era cristiana.

   Mandó este encender una grande hoguera, amenazando a la santa virgen con arrojarla a ella, si no abandonaba su fe; pero Tecla movida por interior espíritu, hecha la señal de la cruz, se precipitó en medio de las llamas, mostrando estar ella más pronta a padecer aquel tormento que el juez a dárselo.

   En aquel mismo punto cayó una abundante lluvia, que apagó el fuego, dejando libre y sin lesión a la santa.








   La condujeron entonces a Antioquía, en donde se tentó una y otra vez su invencible constancia: porque, en primer lugar, fué arrojada a las fieras; mas por gracia de su señor y esposo Jesucristo no recibió de ellas daño alguno.

   Entonces se la ató fuertemente a dos toros, a los cuales se hizo correr en dirección contraria a fin de que dividiesen en dos partes el cuerpo de la santa virgen; pero tampoco alcanzaron los gentiles su malvado intento.






  

 Finalmente la metieron en una hoya llena de serpientes; y ninguna le causó la más leve molestia.

   Librada milagrosamente de tantos peligros, volvió Tecla, más firme que nunca, a su patria; y abandonando la comunicación y trato con los hombres, se entregó a la contemplación y amor de las cosas celestiales; para lo cual se retiró a la escabrosidad de un monte, y pasó allí sola el largo tiempo que le quedaba de vida, pues llegó a los noventa años de edad.





   Fué sepultada en Seleuecia; y en todo el oriente se tuvo a esta santa en gran veneración, viéndose su sepulcro frecuentado de gran concurso de gentes.


   Le visitó san Gregorio Nazianzeno, y tanto él como otros santos padres ensalzaron las virtudes y santidad de Tecla de palabra y por escrito, honrándola con el renombre de protomártir, por haber sido la primera de las mujeres que por la confesión de la fe cristiana fué condenada al tormento.




Reflexión: Se maravillan muchos de la invencible fortaleza con que tantas delicadas vírgenes padecieron los más atroces tormentos: mas ¿cómo no habían de animarse al martirio, viendo que su protomártir santa Tecla, revestida de la virtud de Dios, vencía a todos los tiranos y atormentadores y aun salía ilesa de todos los suplicios?





   Con tal auxilio de la gracia se explica la fortaleza de los mártires, y con tales martirios y prodigios, quedó admirablemente sellada la divinidad de nuestra santa fe católica.




Oración: Oh Dios, por la gloria de cuyo nombre sufrió con fe nunca vencida el gran combate de los tormentos la bienaventurada virgen Tecla, la primera mártir entre las mujeres; concédenos que a imitación suya sepamos despreciar las prosperidades del mundo y no temer ninguna de sus adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

SAN LINO, PAPA Y MÁRTIR. —23 de septiembre.

 


  Fué san Lino italiano de nación y natural de la ciudad de Volterra, que es en la provincia de Toscana; su padre se llamó Herculano, hombre noble y principal.

 


   Estando en Roma y oyendo predicar al apóstol san Pedro, le siguió y fué uno de los primeros discípulos que allí tuvo. Vio el sagrado apóstol grandes prendas de virtud, letras y prudencia en Lino, y se sirvió de él en la predicación y administración de los santos sacramentos; y después le hizo como su coadjutor y ministro para todas las cosas a que él no podía acudir, y todo lo preveía Lino con la dirección y autoridad de san Pedro, con mucha prudencia y solicitud. Después del martirio del glorioso apóstol san Pedro, le sucedió Lino en la cátedra pontifical, y la tuvo once años, dos meses y veintitrés días, y así fué el primer papa y vicario de Cristo, nuestro Señor, en la tierra, que inmediatamente sucedió a san Pedro. Tuvo órdenes dos veces y ordenó quince obispos y diez y ocho presbíteros. Mandó que las mujeres no entrasen en la iglesia con las cabezas descubiertas, como lo tenía mandado san Pedro y lo dejó escrito san Pablo. Escribió san Lino la historia de la contienda que tuvo san Pedro con Simón, mago; pero no se halla. Escribió también dos libros del martirio de san Pedro y san Pablo, que están en el séptimo tomo de la Biblioteca sanctorum; aunque al cardenal Baronio le parece que están depravados y sembrados de algunos errores, y no con la pureza y verdad que los escribió san Lino. La santidad de este glorioso sumo pontífice fué admirable, e ilustrada con muchos y grandes milagros que por él obró el Señor. Sanaba muchos enfermos, resucitaba los muertos, lanzaba los demonios de los cuerpos. Y habiendo una vez librado del demonio a una hija de Saturnino, cónsul, el desagradecido y malvado padre le mandó matar por la fe de Cristo, nuestro Señor, dando mal por bien y maleficio por beneficio. Su sagrado cuerpo fué enterrado en el Vaticano, junto a su padre, maestro y predecesor san Pedro; y fué su martirio a 23 de septiembre, en que la santa Iglesia celebra su fiesta, el año del Señor de 80, imperando Vespasiano. Hace mención de san Lino el apóstol san Pablo. Escriben de él los martirologios romanos, el de Usuardo y de Adón, y el libro de los Romanos pontífices que anda en nombre de Dámaso, y los demás que escriben las vidas de los sumos pontífices.






 AÑO CRISTIANO

 

POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).

 

Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.

lunes, 7 de septiembre de 2026

SANTA REINA, O REGINA, VIRGEN Y MÁRTIR. —7 de septiembre.

 



   La bendita Reina fué natural de la ciudad de Alesia, sita en la parte septentrional de Germania; su padre fué gentil y se llamó Clemente. Siendo de edad de quince años creyó en Cristo sin que su padre lo supiese, y bien instruida en la fe católica se bautizó y ofreció a Dios su virginidad y pureza.

 



   Era tan hermosa (esmalte que divinamente sale sobre el oro de la virtud) que, pasando acaso por Alesia Olibrio, prefecto, y viéndola, se enamoró de ella. 




   La hizo venir a su presencia, y sabiendo de ella misma que era cristiana la mandó poner en la cárcel, advirtiéndola que él iba a un viaje y que si al volver de él no había mudado de religión experimentaría su rigor. Volvió de su viaje, y habiendo sacrificado a sus falsos dioses hizo sacar de la cárcel a la santa virgen Reina. La mandó sacrificar, y hallándola firme y constante en la fe que había prometido a su esposo Jesús la hizo suspender en el ecúleo, después herir por mucho tiempo con varas de hierro, y atormentar y rasgar sus delicadas carnes con uñas de acero. Tan cruel fué este martirio y tan horrendamente fué herida y despedazada la santa virgen, que el mismo Olibrio y todos los demás circunstantes cubrían sus rostros de horror por no ver tan lastimoso espectáculo y tanto rigor. Los arroyos de sangre que corrían no parece posible que de tan tierno y delicado cuerpo manasen. Pero viéndola constante siempre, el cruel Olibrio la mandó descolgar del ecúleo y volver a la cárcel.

 



   Puesta segunda vez en la cárcel, fué admirablemente consolada por su divino Esposo, el cual le envió una cruz de oro de maravillosa hermosura, sobre la cual tremolaba una hermosísima paloma, que sin duda era el Espíritu Santo, que bajó a consolarla y sanarla de sus heridas, y animarla para el fin de la pelea. 




       Llegaba la cruz de la tierra al cielo, y la paloma volaba sobre la cabeza de la bendita Reina, como halagándola, acariciándola y consolándola, junto con animarla a la corona del martirio que le esperaba. Pasados dos días fué sacada segunda vez de la cárcel, y puesta a la presencia de Olibrio la mandó otra vez poner en el ecúleo, y que debajo encendiesen una grande hoguera que la abrasase; y cuando ya el fuego había hecho su oficio, la mandó descolgar, y que, atada de pies y manos, como inocente cordera, la metiesen dentro de un baño de agua muy fría para que con la contrariedad de los tormentos padeciese más crudamente; y al entrarla en el baño hubo un horrible terremoto, y aquella hermosa paloma que en la cárcel la había consolado bajó sobre ella, y desatándola todas las prisiones la dejó libre y sana, y puso una corona de oro y piedras de inestimable valor sobre su hermosa cabeza, y bajó una voz del cielo que la convidaba al reino que tan valerosamente había ganado. Este prodigio fué tan patente a todos los que habían concurrido a ver el espectáculo, que se convirtieron a la fe de Jesucristo ochocientos cincuenta gentiles. Con esto se encendió más en furor diabólico el presidente, y la hizo degollar, con que acabó gloriosamente su triunfo; y para mayor gloria suya permitió su amado esposo Jesús que toda la ciudad concurriese y viese su bendita alma ir gloriosa al cielo en manos de los santos ángeles, que envidiosos de su triunfo se la presentaron gozosos a su Criador. 



Fué sepultado su glorioso cuerpo por los cristianos en la misma ciudad de Alesia, donde resplandece en milagros. Fué su glorioso martirio el 7 de septiembre (día en que la Iglesia celebra su fiesta), por los años del Señor de 214. Escribieron su vida y martirio Beda, Usuardo, Adón, Mombricio, tom. II. Vit. Sanct.; Pedro de Natalibus In cathalog. sanct., lib. VIII, cap. 47; el Martirologio romano, y Baronio en sus Anotaciones.

    



LA

LEYENDA DE ORO (1896)

lunes, 24 de agosto de 2026

SAN BARTOLOME, apóstol. — 24 de agosto.

 


   El gloriosísimo apóstol y fortísimo mártir de Cristo san Bartolomé, fué natural de Galilea, hijo de Tolmai, y de oficio pescador como su padre, según dice el historiador Josefo. 

   Luego que fué llamado por Jesucristo, lo dejó todo para siempre; y así fué testigo de casi todas sus palabras, obras y prodigios.







   Después de la pasión y muerte de Cristo vio muchas veces al Señor vivo y resucitado, y fue testigo ocular de su gloriosa Ascensión a los cielos. 

   Y a los cincuenta días de la Resurrección, habiendo recibido el Espíritu Santo y el don de lenguas, al tiempo que los apóstoles dividieron entre sí las provincias del mundo para predicar el Evangelio, cupo a san Bartolomé la misión de Licaonia, de Albania, de las Indias orientales y de Armenia. 

    Se llevó consigo el libro del Evangelio, escrito por san Mateo en lengua hebrea, y como dice san Crisóstomo, por todas partes donde esparcía las primeras semillas de la fe, eran tan colmados los frutos, que los gentiles se asombraban de la rara mudanza de costumbres, y de la pureza, templanza y virtud de los pueblos que se convertían. 

   De la Licaonia pasó a la India citerior, como lo escriben Orígenes, Eusebio y san Jerónimo; y añade san Panteno que más tarde se halló en aquella región una copia del Evangelio hebreo que llevaba consigo el santo apóstol. 



SAN BARTOLOME, apóstol. 



   De allí vino a la mayor Armenia, y a la ciudad, que era cabeza de aquel reino, donde había un templo del famoso ídolo llamado Astarot, en el cual el demonio con sus embustes daba oráculos y prometía la salud a los que le sacrificaban; mas habiendo el santo entrado en aquel templo, el ídolo enmudeció, causando esto grande asombro a aquella miserable gente. 

   Acudieron para saber la causa de aquel extraño silencio a otro ídolo llamado Berit, el cual respondió que la causa no era otra que la presencia de un hombre de Dios llamado Bartolomé, a quien el espíritu del oráculo había visto cercado de muchedumbre de espíritus celestiales, muy poderosos. 

   En esta sazón el santo apóstol hizo pedazos el ídolo y lanzó el maligno espíritu que afligía sobremanera a una hija del rey armenio llamado Polemón, el cual abrazó la fe de Cristo y se bautizó con toda su corte y familia. 

   Quisieron vengarse los sacerdotes de los ídolos, y acudieron a un hermano de aquel rey, que se llamaba Astiages, y tenía su estado en otra parte de Armenia, persuadiéndole que si no daba muerte a Bartolomé vería la ruina del culto de sus dioses, y también la de su casa, familia y reino. 





   Mandó pues Astiages, con falso pretexto de convertirse, llamar al santo apóstol, que deseaba ya terminar su carrera y unirse con Cristo; y cuando lo hubo en su poder el bárbaro tirano, ordenó que le hiriesen con varillas de hierro, que le desollasen vivo, y finalmente le cortasen la cabeza.





   Reflexión: Cuando los fieles visitan en Roma la iglesia de san Bartolomé y contemplan junto al sepulcro del santo que está debajo del altar mayor, una estatua preciosa que lo representa muy al vivo y tal como quedó después del suplicio, llenan sus almas de compasión y sus ojos de lágrimas. 






   Mas ¿qué fuera ver el mismo cuerpo del santo tan sangriento y desollado por amor de Cristo? ¿Quién no reconociera en aquella llaga de todo su cuerpo un sello auténtico y testimonio irrecusable de la verdad evangélica que predicaba el santo apóstol?





   Oración: Todopoderoso y sempiterno Dios que nos llenas de espiritual alegría con la fiesta de tu bienaventurado apóstol san Bartolomé; concede a tu Iglesia la gracia de amar con grande estima la verdad de la fe que creyó, y de ensalzar lo que enseñó. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM

DE LA FAMILIA CRISTIANA.

lunes, 10 de agosto de 2026

SAN LORENZO, diácono y mártir. (+ 258). — 10 de agosto.

 


   El gloriosísimo y fortísimo mártir san Lorenzo, nació en Huesca del reino de Aragón: su padre llamado Orencio y su madre, Paciencia, fueron santos, y de ellos celebra festividad la iglesia de Huesca.

   Le hizo el papa san Sixto, segundo de este nombre, arcediano, o primero de los diáconos de la iglesia romana.


   Por este tiempo anduvo muy brava la persecución del emperador Valeriano: y en ella fue preso san Sixto y llevado a la cárcel.

   Le salió al camino san Lorenzo y Ie dijo: «¿Adónde vas, oh padre, sin tu hijo? ¿Adónde vas, oh sacerdote, sin tu diácono?»




   Le respondió el venerable pontífice: «A ti, hijo mío, como a más joven, te aguardan más rigurosos suplicios, y más gloriosa victoria: anda a repartir a los pobres los tesoros de la Iglesia; porque presto me seguirás como hijo al padre, y como diácono al sacerdote.»

   Cumplió san Lorenzo enteramente la voluntad del pontífice, y gastó toda la noche en visitar a los pobres y repartirles el tesoro de la Iglesia, y el día siguiente volvió a san Sixto, y viendo que ya le llevaban a degollar, corrió a él y con voz alta y llorosa le dijo: «No me desampares, padre santo: ya cumplí tu mandamiento y distribuí los tesoros que me encargaste.»



   Oyeron los ministros de justicia estas palabras, y, a la voz de los tesoros, echaron mano de Lorenzo, y dieron noticia de lo que habían oído al emperador, el cual se holgó de ello esperando hartar su codicia.

   Le preguntó, pues, por los tesoros de la Iglesia; y el santo con una sabiduría y sagacidad, divina le respondió, que se los traería.

   Y juntando el santo diácono un buen número de ciegos, cojos, mancos y pobres, a quienes había socorrido, se vino con ellos al emperador y le dijo: “Estos son los tesoros de la Iglesia”.




   No se puede fácilmente creer la saña que recibió el tirano, viendo así frustradas sus esperanzas: le mandó luego azotar y rasgar sus carnes con escorpiones; y echando de ver que no se quejaba ni daba un solo gemido, antes se reía del tirano y de los tormentos, se embraveció más y exclamó: «Tú eres un mago; pero yo te juro por los dioses inmortales que has de padecer tan graves penas que ningún hombre hasta hoy las padeció.»

   A lo cual respondió Lorenzo: «En nombre de Jesucristo te aseguro que no las temo.»





   Le mandó pues atormentar toda la noche con varios suplicios, y finalmente asarle en un lecho de hierro a manera de parrillas, en las cuales no mostró el santo ningún sentimiento de dolor; sino que estando asada una parte de su cuerpo, habló al tirano y le dijo: «Ya está asada la mitad de mi cuerpo; manda que me vuelvan de la otra parte, y que me echen la sal.»




   Y mientras el tirano con los ojos encarnizados y dando bramidos de rabio y furor mandaba a los sayones que atizasen el fuego, el fortísimo mártir, levantados los ojos al cielo, decía: «Recibid, Señor, este sacrificio, en olor de suavidad»; y dando gracias al Señor, expiró.




Reflexión: Este es el martirio de san Lorenzo, gloria de España, y tan ilustre en toda la cristiandad, después del protomártir san Esteban, que como dice san Agustín, «alumbró con sus resplandores el universo mundo.»


   ¿Quién no se animará con tal ejemplo a servir a Jesucristo con viva fe, segura esperanza y encendida caridad, sin temer el fuego y crisol de la tribulación por donde se llega al eterno descanso y refrigerio?

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Oración: Concédenos, oh Dios todopoderoso, que se apaguen en nosotros las llamas de nuestros vicios; pues concediste al bienaventurado san Lorenzo que venciese el fuego de sus tormentos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.





FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.