lunes, 29 de diciembre de 2025

STO. TOMÁS de CANTORBERY, arzobispo y mártir. (+ 1170). —29 de diciembre.

 


   El invicto defensor de la inmunidad eclesiástica y glorioso mártir de Cristo santo Tomás, nació en Londres de padres nobles, ricos y piadosos.


   Aprendió desde niño las bellas letras con grande aprovechamiento, y ya desde joven fué de loables costumbres, de gentil disposición, hermoso de rostro, en sus palabras modesto y grave, y tan amigo de la verdad, que ni aun burlando se apartaba de ella.

   Con tales prendas tanto se hizo amar del arzobispo de Cantorbery que el buen prelado le admitió en su servicio, y le hizo arcediano de su iglesia, y luego por consejo suyo el rey Enrique II le hizo su cancelario y le confió la educación de su hijo, llamado también Enrique; y muerto el arzobispo, quiso a todo trance que ocupara la sede primada de Cantorbery, Tomás su cancelario, a pesar de su firme resistencia.

   Hecho arzobispo, asistió a un concilio celebrado en Tours, en que presidió el papa Alejandro III: y vuelto a Inglaterra, tuvo que luchar denodadamente contra el rey, su grande amigo y protector; el cual pretendía dar algunas leyes muy perjudiciales a la Iglesia y contrarias a su divina autoridad.

   Tomó el rey grandes medios de promesas y amenazas, de blanduras y espantos para atraer al santo prelado a su voluntad; mas todo fué inútil; con lo cual es increíble el odio que tomó contra el santo, teniéndole por ingrato y desconocido a las mercedes que le había hecho.

   Para evitar mayores males, salió de Inglaterra el santo arzobispo y pasó a Flandes.

   Lo sintió el rey; dio contra él quejas al Papa; quiso este oír al prelado, para lo cual pasó a Roma, en donde el pontífice le oyó, y le animó a seguir en su buen propósito; más para aplacar al rey, le aconsejó que se recogiese a una casa religiosa, como lo hizo, retirándose a un monasterio de la orden del Císter en Francia.

   Y como el rey amenazase a los monjes cistercienses de toda Inglaterra con echarles de su reino, el santo, por no serles ocasión de tan grave daño, dejó aquel monasterio, y pasó a otro.

   Finalmente, después de muchas alteraciones y dificultades, el rey de Francia con ruegos y el papa con amenazas apretaron tanto a Enrique, que se aplacó, se reconcilió con el santo arzobispo, y le dio licencia para volver a Inglaterra, donde fué recibido con grande fiesta y alegría de los buenos y no menor pesar de los malos.

   Continuó el santo su oficio pastoral con la misma entereza que antes;  y sus adversarios, por hacer placer al príncipe, determinaron acabar con él y darle muerte. 



   Estando, pues, santo Tomás en la iglesia, entraron en ella aquellos crueles verdugos, arremetieron contra él, y uno de ellos le descargó con la espada un fiero golpe en la cabeza, y tras él otros, hasta que cayó en el suelo, el cual quedó manchado con el cerebro del invicto mártir.



   Reflexión: Actos heroicos reclama a veces de nosotros la justicia.

   Por defenderla hay que perder quizás como este santo, el valimiento de los príncipes, alejarse de la patria, y vivir en suma miseria en extraño suelo.



   Pero ¡cuánto no ensancha el corazón la amorosa providencia que Dios tiene de los suyos! Ya él nos lo había dado a entender diciéndonos que eran bienaventurados los que padecían persecución por la justicia, y así es.



   Los mismos que los persiguen admiran su virtud y hasta les piden perdón de sus yerros.

   Si acaso Dios te ha escogido también para este género de bienaventuranza, adora reverente sus juicios y dale gracias por tan inestimable favor.

EL REY ENRIQUE HACIENDO PENITENCIA ANTE LA TUMBA DEL SANTO. 



   Oración: Oh Dios, por cuya Iglesia el glorioso pontífice santo Tomás murió a manos de los impíos, concédenos que todos los que imploran su auxilio, reciban el saludable efecto de su petición. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

SANTA EULALIA de MÉRIDA, virgen y mártir. (+ 304). — 10 de diciembre.

 



     Fué santa Eulalia natural de Mérida y criada desde niña en toda virtud.

   A ella y a otra doncella por nombre Julia enseñaba el sacerdote Donato, y se encendió tanto Eulalia en el amor del martirio y de la virginidad, que no gustaba de galas ni atavíos, y mostraba gran mesura en el rostro y en todo su proceder y hablar.

   Era de solos doce años cuando llegó a Mérida Calfurnio, a quien subdelegó Daciano, para tener noticia de los fieles de Cristo y perseguirlos; para lo cual mandó publicar un solemne sacrificio a sus dioses.

   Los padres de la santa virgen, conociendo sus deseos del martirio y temiendo perderla, la tenían retirada en una heredad suya llamada Porcejana, a diez leguas de Mérida; más conociendo la santa doncella que se le ofrecía tan oportuna ocasión, de su voluntad se huyó secretamente de noche y se vino a la ciudad para ofrecerse al martirio con gran fervor y ansia de morir por Jesucristo.

   Llegó pues la pura y delicada doncella a los estrados del juez Calfurnio, y con gran comedimiento y no menor libertad le afeó las crueldades que usaba con los cristianos.

   Pretendió el juez engañarla con blandas y amorosas palabras, le puso delante su nobleza, su ternura y poca edad, y quiso probar si con halagos y promesas, como a niña, la podía apartar del amor de Jesucristo.

   Más observando que perdía el tiempo, trocó luego la blandura en severidad y los halagos en terrores.

   La azotaron crudamente y la quebrantaron los huesos con plomadas; la echaron aceite hirviendo por todo el cuerpo; la arañaron con garfios de hierro; la levantaron y la descoyuntaron en la garrucha; y ella, como quien tenía a Dios en su alma, decía a su Esposo: «Ahora, Redentor mío Jesucristo, te imprimes mejor en mí, y estas llagas, como letras que se escriben en mis carnes con mi sangre, me representan mejor tu pasión.»



   La pusieron entre dos hogueras y así le dieron la muerte y la corona del martirio.



   Y tanto deseaba la sagrada virgen morir por Jesucristo, que abrió su boca para que las llamas entrasen por ella, y tragando el fuego vieron muchos su alma purísima subir al cielo en figura de paloma.


   Entre otros la vio el verdugo que la había atormentado, y con esta vista quedó atónito, fuera de sí y movido a penitencia.

   Desnudo quedó el santo cuerpo, más cayó gran abundancia de nieve para cubrirle, hasta que los cristianos le dieron sepultura.

CRIPTA DE LA BASÍLICA DE SANTA EULALIA.


   Le edificaron un suntuoso templo en Mérida, e hizo Dios nuestro Señor muchos milagros por su intercesión; fue después trasladada a la ciudad de Oviedo, donde está ahora encerrada en una rica urna de plata.


   Reflexión: Dicen que la santa virgen Julia fué también al tribunal del tirano en compañía de santa Eulalia, y que habiéndose adelantado un poco en el camino, le dijo Eulalia con espíritu de profecía: «Por más que te apresures, yo moriré primero.»

   Y en efecto se cumplieron estas palabras, aunque aquel mismo día en que fué martirizada santa Eulalia, fue también degollada Julia, su compañera en la santidad y deseo de morir por Jesucristo.




   Pues ¿quién no ve aquí sobrepujada y reputada por nada en estas dos tiernas doncellas, la muerte armada de todos sus espantos y terrores? ¿Y de dónde sacaron esas débiles niñas una fortaleza y serenidad de ánimo tan grande, que no se vio jamás en ninguno de los héroes profanos de la historia?

   Del amor de Cristo, que es más fuerte que la muerte.


   Oración: Todopoderoso y eterno Dios que escoges lo flaco del mundo para confundir lo fuerte: danos que gocemos de una conveniente devoción en la fiesta de tu santa virgen y mártir Eulalia, para que en su pasión ensalcemos tu poder y recibamos el socorro a nosotros prometido. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

martes, 9 de diciembre de 2025

SANTA LEOCADIA, virgen y mártir. (+ 305)—9 de diciembre.

 


   La bienaventurada virgen y mártir santa Leocadia fue natural de la ciudad de Toledo, de noble linaje y grande sierva del Señor.  



   La mandó prender el presidente Daciano, que como una fiera cruel no se podía ver harto de la sangre de los cristianos, y traída a su presencia le puso delante su nobleza y sangre, y la vileza e ignominia de la que él llamaba superstición de los cristianos, y ya con halagos, ya con miedos, procuró disuadirla que dejase la fe de Cristo y adorase a los dioses falsos. No se movió la santa virgen por cosa alguna de las que le dijo el presidente, y todo su artificio se resolvió en humo sin poder hacer mella en aquel pecho sagrado. 



   La mandó llevar a una oscura y horrible cárcel: y viendo algunos que la seguían llorando, se volvió a ellos con alegre y sereno rostro y les dijo: «Ea soldados de Cristo, no os entristezcáis por mi pena, antes holgaos y dadme el parabién, pues Dios me ha hecho digna de que padezca por la confesión de su nombre. » 



   Algunos dicen que fue crudamente azotada antes de entrar en la cárcel; y de la crueldad de Daciano se puede creer que fue así. En aquella dura y áspera cárcel estuvo algún tiempo; y oyendo la carnicería que Daciano continuamente hacía de los cristianos, y los tormentos atrocísimos con que había hecho morir a la gloriosa virgen santa Eulalia de Marida, enternecida y traspasada de dolor, suplicó a nuestro Señor la llevase para sí, si así convenía, para que no viese la destrucción de su Iglesia y menoscabo de la fe de su santa religión. 



   Cumplió Dios el deseo de la santa virgen, y oyó su oración; y así como estaba orando, hizo con los dedos una cruz en una dura piedra de la cárcel y quedaron en ella las señales, y besándola con gran ternura y devoción, dio su bendita alma a Dios. 



   El cuerpo fue hallado junto a aquella cruz, caído y reclinado en el suelo, y fue sepultado por los cristianos de la manera que mejor pudieron. Tiene la santa virgen tres templos de su nombre en la ciudad de Toledo. Uno fue su casa, otro donde estuvo presa y otro donde fue sepultada.

   Un día de santa Leocadia en que el rey Recesvinto, acompañado de toda la nobleza de su corte, celebraba la fiesta de la santa virgen, estando san Ildefonso orando ante su sepulcro, ella se levantó de la tumba y le dijo: «¡Oh Ildefonso, por ti vive la gloria de mi Señor!» Dando a entender que san Ildefonso había defendido la limpieza y gloria de la virginidad de nuestra Señora contra los herejes. 




   Todos los circunstantes cayeron en el suelo, pasmados por la novedad de este prodigio; y san Ildefonso con un cuchillo que le dio el rey cortó un pedazo del velo, con que venía cubierta la virgen, para que quedase memoria de tan ilustre milagro, y la ciudad de Toledo consolada con tener aquel celestial tesoro.




   Reflexión: El mayor tormento de esta gloriosa virgen y mártir, fue la extremada pena que traspasó su corazón al ver los trabajos que padecía la Iglesia, y que se perdían tantas almas. Este suplicio interior ha dado la muerte a muchos santos. Porque es indicio seguro del grande amor de Dios y caridad con el prójimo el sentir vivamente el menoscabo de honra divina y la ruina eterna de los hombres, así como el no afligirse de tan grandes males, es señal de haberse apagado la luz de la fe, y sucedido a la verdadera caridad el amor desordenado de sí mismo.



   OraciónAyúdennos, Señor, las súplicas y merecimientos de tu bienaventurada virgen y mártir Leocadia, a fin de que habiendo padecido ella cárceles y muerte por la confesión de tu nombre, nos guarde de caer en la cárcel eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 





FLOS SANCTORVM

DE LA FAMILIA CRISTIANA.

martes, 25 de noviembre de 2025

SANTA CATALINA de ALEJANDRÍA, virgen, doctora y mártir. — 25 de noviembre. (+ 307).

 



   La virgen santa Catalina, esclarecida lumbrera de la filosofía cristiana, y mártir de Jesucristo, nació en Alejandría de Egipto; y como se dice en el Monólogo del emperador Basilio, fué de sangre real.

    La criaron sus padres en la verdadera fe: y como era avisada y de alto entendimiento, fué también enseñada en todas las letras de la filosofía humana, que en el tiempo florecían en la ciudad de Alejandría.

   Tenía la santa doncella unos diez y ocho años, cuando el emperador Maximino II vino a Alejandría para inaugurar ciertas fiestas y regocijos en honra de los dioses del imperio, y hacer burla y escarnio de los misterios cristianos.

   Se indignó Catalina al ver aquella pública profanación; y movida del espíritu de Dios, y llegándose a los paganos que celebraban aquellas sacrílegas bacanales, con gran libertad les reprendió y afeó las cosas que hacían.

   La acusaron, pues, delante del emperador, el cual mandó prenderla y traerla a su presencia. Le dio ella razón de sí y de su fe con tan singular sabiduría, elocuencia y gracia, que el emperador, pasmado la estaba mirando: y admirado de ver su incomparable hermosura, y oír la fuerza y peso de sus razones, a las cuales él no supo qué responder, entendiendo que para convencer a Catalina, era menester más ciencia que la suya, y para salir de aquel aprieto, la mandó callar, y ordenó que la echasen en la cárcel, donde pasó la santa algunos días sin comer bocado.

   Entretanto, llamó el emperador a algunos varones, los más sabios y elocuentes que había en Alejandría, para que, disputando con la santa doncella, la convenciesen. Se juntaron, pues, los más sabios filósofos de la escuela de Alejandría; y concurrió toda la ciudad a aquel espectáculo tan nuevo y maravilloso, en que los hombres tenidos por la flor de la sabiduría, disputaron con una doncella cristiana en presencia del emperador. 


   Santa Catalina deshizo todos sus argumentos, y les dejó tan confusos, que muchos de los presentes se convencieron de la verdad de la fe, y se hicieron cristianos: por lo cual el emperador Maximino, pareciéndole que ser vencido de una delicada doncella, era menoscabo suyo, mandó que fuese despedazada en una máquina de dos ruedas sembradas de clavos. 



   Comenzando los sayones a mover aquellas ruedas, de repente se destrabaron y rompieron. 



   Entonces mandó el tirano, que la santa virgen fuese degollada. Fué trasladado su sagrado cuerpo por ministerio de los ángeles, al monte Sinaí.



   Reflexión: ¿Puede concebirse mayor firmeza en la fe, y mayor pureza en las costumbres, que la firmeza y pureza con que brilló la angelical virgen y mártir Catalina? Admirable fué la celestial sabiduría con que confundió a los sabios del gentilismo: pero no fué menos admirable la constancia con que, en todo tiempo, se abstuvo de las licenciosas diversiones paganas. Sí: la firmeza en las costumbres no es menos necesaria que la doctrina: y así como el dejarse llevar por toda clase de doctrinas, es señal de fe vacilante, así también es piedad vacilante el gobernarse por la costumbre y por el respeto humano. 

¿Deseas ser constante en la virtud? 

Pon, como Catalina, el fundamento de tu edificio espiritual en Jesucristo; y entonces podrás resistir virtuosamente a todas las contrariedades.



   OraciónOh Dios, que diste la Ley a Moisés en la cumbre del monte Sinaí, y dispusiste fuese enterrado en el mismo lugar, por ministerio de tus santos ángeles, el cuerpo de tu bienaventurada Catalina; te suplicamos nos concedas que por sus merecimientos e intercesión podamos llegar al monte que es Jesucristo. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
                                         DE LA FAMILIA CRISTIANA-1946.

lunes, 10 de noviembre de 2025

SAN TEODORO, SOLDADO Y MÁRTIR—9 de noviembre.

 


   Siendo soldado del emperador de la tierra san Teodoro, y mucho más del Emperador del cielo, y estando en la ciudad de Amasea, que es en el Ponto, se publicó un edicto de los emperadores, cruelísimo contra los cristianos.

 

   Lo supo Teodoro, y abrasado de amor divino confesó luego que él era cristiano y que estaba aparejado para morir por Cristo. Le prendieron, y como era mozo de gentil disposición y bienquisto, le tuvieron lástima, y con una falsa compasión le dejaron, y le rogaron que mirase en ello, y que por una vana superstición no quisiese perder la hacienda, honra y vida. Salido Teodoro de sus manos, hacía continua oración y se encomendaba de todo su corazón al Señor; y para responder con las obras más que con palabras a los que le habían dejado y le persuadían que adorase a los dioses, entró una noche en el templo de Cibeles (que es la madre de los dioses), el cual estaba cerca del río, y viendo que soplaba un viento recio, le pegó fuego, con el cual en breve se quemó todo y se hizo ceniza. Quemado el templo no huyó Teodoro ni se escondió, antes con grande ánimo y fortaleza él mismo se manifestó que había sido el autor de aquel incendio.

 


   Le prendieron de nuevo, y espantados los jueces de verle tan intrépido, seguro y gozoso, le quisieron con blandura y con promesas reducir a la superstición de sus dioses; y como el santo se riese, el juez le mandó azotar fuertemente y después encerrar en una cárcel tenebrosa y sellarla, y dejarle allí para que muriese de hambre.


 

   Mas aquella misma noche le apareció el Señor, y le dijo: «Teodoro, está fuerte, porque yo estoy contigo. No tomes de los hombres comida ni bebida, porque yo te daré una vida conmigo en el cielo bienaventurada y eterna.» Con este regalo del Señor quedó su soldado muy alegre, cantando salmos y alabanzas a Dios, y gran multitud de ángeles le ayudaban y le daban música en aquella cárcel, la cual oyeron las guardas y le vieron rodeado de personas vestidas de blanco que cantaban con él, y quedaron asombrados y atónitos. Avisaron al juez de lo que pasaba, y él vino a la cárcel, y la halló cerrada y sellada, y entrando en ella no vio sino a Teodoro, y tornando a cerrar la puerta mandó que cada día le diesen una onza de pan y un jarro de agua; mas el santo mártir no lo quiso recibir, diciendo que Jesucristo, su Rey y Señor, le sustentaría.

 

   Le sacaron de la cárcel, le ofrecieron grandes premios si consentía con su voluntad, y como ninguna cosa de las que decían ni hacían aprovechase para mellar aquel corazón fuerte y armado del espíritu de Dios, entendiendo que perdían tiempo, llamándole sacrílego, impío y blasfemo, le mandaron atormentar. Le levantaron en un madero alto, le azotaron, le desgarraron sus carnes con garfios de hierro, abrasaron sus costados con hachas encendidas, y cuanto más le atormentaban, tanto él mostraba mayor alegría, y como si estuviera entre flores y rosas cantaba aquel verso de David, que dice: «Alabaré al Señor en todo tiempo; siempre de mi boca saldrán sus loores.» Los verdugos despedazaban las carnes del santo, y él cantaba como si no fuera él, sino otro el que padecía aquellos fieros tormentos.

 


   Finalmente, fué condenado a ser quemado; hizo la señal de la cruz en la frente y en todo su cuerpo, y con grande alegría y regocijo entró en el fuego. Vio a un amigo suyo, llamado Cleónico, que lloraba, y le dijo: «Cleónico, yo te aguardo; date priesa y sígueme.» Y cercado por todas partes de las llamas, alabando a la Santísima Trinidad, dio su santo espíritu en paz al que le había criado, y su alma fué vista subir al cielo como una luz resplandeciente. Su sagrado cuerpo tomó una devota mujer, llamada Eusebia, y con preciosos ungüentos le envolvió en una sábana y lo enterró en su casa lo mejor que pudo, en la ciudad llamada Euchayta, que está debajo de Amasea, su metrópoli. Fué el martirio de san Teodoro a los 9 de noviembre, el año del Señor de 304.

 


   Fué este glorioso mártir muy célebre y tenido en gran veneración en todo Oriente por las señaladas victorias que algunos emperadores alcanzaron de los bárbaros por su intercesión. Por esto le edificaron templos, e iban los fieles en romería al cuerpo de san Teodoro a la ciudad de Euchayta; y en Roma también se le edificó iglesia, que hoy dura, y es título de cardenal diácono. El martirio de san Teodoro escribió el Metafrastes y lo refiere Surio en el sexto tomo. Escribió Nectario, arzobispo de Constantinopla, una oración de san Teodoro, y otra san Gregorio Niceno, hermano del gran Basilio, y en ella al cabo, hablando con el santo mártir, le dice estas palabras: «Aunque no sea posible que nuestros ojos corporales te vean, pon los tuyos en nuestros sacrificios y oraciones, y ruega a Dios que nos oiga y que te oiga; que mire por tu patria, que es la nuestra (porque la patria del mártir es el lugar donde padece); pide al Señor favor para tus hermanos, parientes y amigos, que somos los presentes; y que nos defienda de nuestros enemigos, y particularmente de los escitas bárbaros que se arman contra nosotros. Como soldado, pelea valerosamente en nuestro favor; y como mártir, intercede con libertad por nosotros. Porque, aunque estás en el puerto, bien sabes los peligros de los que navegan; alcánzanos que tengamos paz para siempre, y que nos empleemos en servir al que tú serviste, para que los enemigos fieros y bárbaros no profanen los templos sagrados y hagan caballerizas de los altares. El haber gozado de quietud hasta aquí conocemos que no ha sido por nuestros merecimientos, sino por tus oraciones; y por ellas mismas te suplicamos que nos guardes para adelante.» Esto es de san Gregorio Niceno.

 


   Adviértase que este santo mártir Teodoro es llamado Tiro, que quiere decir soldado bisoño, a diferencia de otro Teodoro, también mártir, que fué centurión o capitán: se llama también Teodoro Amaseno, porque murió en la ciudad de Amasea, y Euchayta, por el lugar a donde fué trasladado su sagrado cuerpo. En la ciudad de Venecia dice el obispo Aquilino que esta el cuerpo de san Teodoro, mártir, en la iglesia de San Salvador, que es de canónigos reglares; pero no es el de este Teodoro, sino del otro centurión, que murió en Heraclea y fué martirizado en tiempo de Licinio. De san Teodoro, además de los autores que habemos referido, hacen mención todos los martirologios.


(P. Ribadeneira.)



LA LEYENDA DE ORO—1853.